sábado, 5 de agosto de 2017

DAMOCLES EN CARACAS

La tendencia a contar historias con relevancia moral nos asiste desde antaño. Así, ante una coyuntura especialísima, que no puede ser analizada de forma simple por politólogos, economistas, juristas (aunque es mucho más sencillo por la clara ruptura del Estado de derecho), sociólogos o filósofos, parece que Damocles pasea por Caracas deseando el poder que detenta hoy la dictadura chavista para sí mismo, sin entender que sobre su sien se cierne una espada afilada que sólo se sostiene por la frágil crin de un caballo.

No voy a engañar a nadie, no me entusiasma la idea de las elecciones regionales, pero como Joseph Raz afirma, el éxito depende de que los objetivos que se persigan no sean triviales, banales. Es decir, la lucha por la democracia a través de la violencia forma parte de nuestro pauperrismo social, de nuestra violencia estructural cuya siembra empezó mucho antes del chavismo y que es hija de ese absurdo culto al uniforme verde, a la asociación de orden y disciplina con lo castrense y el desdén que hemos tenido por la democracia. Por ello, entiendo a cabalidad que la lucha por la restitución de la república democrática es dura y debe ser virtuosa, para garantizar un futuro viable para toda la nación.

La realidad es mucho más compleja y el juego político no solo supone un pluralismo de valores ciudadanos, sino tal diversidad que la coalición opositora reúne más de 40 tendencias políticas disímiles.  Inclusive, se hacen argumentos idiotas como el del movimiento ORDEN, que pretende reducir todo el asunto a una exacerbación del nacionalismo conservador de derecha fundándose en la reivindicación de ideas que configuran nuestra propia tragedia,avaladas por el rentismo, propagado desde Gómez, y que ha servido para construir el Estado más grande y más ineficiente del orbe, bajo políticas de una social democracia bananera que seguimos empeñados en perpetuar sin seriedad. 

Sufrimos la ausencia de responsabilidad en la acción política individual en quiénes han sido erigidos como representantes en la gesta que se fragua a diario en contra de un poder autárquico y criminal como el que representa Maduro y compañía. Damocles apetecía los banquetes, los lujos y los privilegios del rey Dionisio, y por eso se deshacía en alabanzas y lisonjas hacia él, hasta que tuvo la posibilidad de ocupar su lugar. El poder despierta envidias y, en muchos casos, muestra las peores facetas de los individuos. Pero el poder  también conlleva riesgos, y uno de los riesgos que plantea una nueva lucha cargada de frustraciones porque no se desvela con honestidad su cometido, es perder la cabeza por la espada dictatorial que se cierne sobre cualquiera que asuma una posición crítica contra el chavismo, que ahora es más peligroso con la instalación de una Asamblea Nacional Constituyente carente de toda legitimidad o legalidad.

Acudir a las elecciones regionales es un deber consecuente con los derechos que tratamos de reivindicar desde la lucha por la democracia. Acudir a las elecciones regionales por una cuota de poder es, por contrario, un crimen contra la lucha democrática y un vejamen a la memoria de los asesinados. Muchos lo han descrito con presteza: Si acudimos a las regionales y ganamos, el chavismo desconocerá los resultados, como lo ha hecho con la Alcaldía Metropolitana que ganó Ledezma, hoy en arresto domiciliario, o como anuló con un proceso judicial fraudulento, a las elecciones parlamentarias de 2015 (si, hoy, más de dos años después, no decide la Sala Electoral, el asunto que generó la controversia y que "justifica" el falso desacato).

Si no acudimos a las regionales, el chavismo hará las elecciones y se hará de todas las gobernaciones, consolidando más su poder. Así que la situación es perder-perder, pero la democracia no puede conquistarse con métodos que no garanticen su supervivencia, o la convivencia pacífica a futuro, como decía Kant en la Paz Perpetua, palabras más, palabras menos, no puedes hacer una guerra que no garantiza una paz futura. Es más fácil llamar a la rebelión y a las armas cuando no se ha de empuñar una sola espada ni disparar una sola bala. Una lucha ajena a los valores democráticos y republicanos, que inclusive legitima la fuerza para la autodefensa y autoprotección, es una condena a años y años de conflicto, de violencia bélica y también, la posibilidad de una masacre mayor.

Son momentos difíciles, en la que la falta de responsabilidad puede llevar al país a una quiebra moral definitiva, y es lo que debemos evitar. Mi apuesta es por la lucha cívica y democrática, la resistencia civil es un derecho, no una prerrogativa ni una excusa para trancar una calle sin miras altas y fructíferas. La resistencia la debemos ejercer todos, porque la búsqueda de la justicia no puede ser dubitativa, no puede ser vacilante, por eso ser justo se percibe como un valor personal.

Quizá el llamado de Ledezma a la reflexión es una campanada moral para los demás miembros de la oposición, algunos en un estadio de infantilismo político, como el de R. Muchacho y las tendencias en twitter; o del viejozorrismo adelantado y cruel de Ramos Allup; o, peor aún, de falso crítico Henri Falcón y el oportunismo de Rosales; o la ingenuidad devota de María Corina, el exceso de retórica y la falta de hechos de Capriles y la soberbia de ungido de Leopoldo. La propia agenda, aunque la erijan en nombre del pueblo, no aporta soluciones sino hace más difícil el camino, acabando con las esperanzas del país.

A todos nos cabe reflexionar. Las regionales, por sí mismas, sin acompañamiento estratégico no son sino una nueva estafa contra las personas, que son las que verdaderamente sufren la crisis sin precedentes. La improvisación política hace daño, pero aun más daño hace la inexistencia de un verdadero código ético para la oposición democrática que haga creer al ciudadano que la lucha que lleva a cabo todos los días, en la lucha callejera o en la búsqueda del sustento diario, no se agotará en un pedazo de papel consignado a un organismo internacional o en un discurso en una Asamblea Nacional que no tiene un solo soldado o policía que acate sus mandatos legítimos. 

Y aquél que por su propia codicia ocupe un trono y se regodee en los festines de la victoria fatua, que se cierna sobre su cabeza la espada de la historia, que no perdonará a quienes obvien la necesidad de la unidad y de salvar al país.

miércoles, 12 de julio de 2017

LA CONSULTA SOBERANA DEL 16 DE JULIO


En este post no pienso reproducir ideas sobre desobediencia, menos aún hablar de la labor de la resistencia venezolana o valorar la actuación de los líderes políticos. No, aquí pienso informar sobre la Consulta Soberana del 16 de julio de 2017, de carácter plebiscitario y que fue convocada por el poder Legislativo bajo el mandato del artículo 71 de la Constitución, que desde su preámbulo ya habla del referendo consultivo como manifestación soberana. Recordemos el texto del 71:

Artículo 71. Las materias de especial trascendencia nacional podrán ser sometidas a referendo consultivo por iniciativa del Presidente o Presidenta de la República en Consejo de Ministros; por acuerdo de la Asamblea Nacional, aprobado por el voto de la mayoría de sus integrantes; o a solicitud de un número no menor del diez por ciento de los electores y electoras inscritos en el Registro Civil y Electoral.
También podrán ser sometidas a referendo consultivo las materias de especial trascendencia parroquial, municipal y estadal. La iniciativa le corresponde a la Junta Parroquial, al Concejo Municipal, o al Consejo Legislativo, por acuerdo de las dos terceras partes de sus integrantes; al Alcalde o Alcaldesa, o al Gobernador
o Gobernadora de Estado, o a un número no menor del diez por ciento del total de inscritos e inscritas en la circunscripción correspondiente, que lo soliciten.

Quizá una de las grandes ventajas que proporciona la Constitución del 99 es el ejercicio de la democracia directa, participativa y protagónica. De manera tal, que esta consulta es un ejercicio de democracia directa, sin intermediación de los órganos de poder público, como el CNE, bajo la modalidad del referendo consultivo, es decir, un plebiscito. Este principio está consagrado en el artículo 5: 
La soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, quien la ejerce directamente en la forma prevista en esta Constitución y en la ley, e indirectamente, mediante el sufragio, por los órganos que ejercen el Poder Público. Los órganos del Estado emanan de la soberanía popular y a ella están sometidos.
El carácter plebiscitario de la consulta (no porque la constitución diga expresamente que el referendo consultivo es un plebiscito, sino porque toda consulta popular que no da acceso a un cargo de elección popular es, per se, un plebiscito), excluye la participación del CNE, pues el referendo consultivo no es competencia exclusiva y excluyente del Poder Electoral,en razón de las atribuciones del artículo 293. Recordemos que la Soberanía en Venezuela reside en el pueblo quien la puede ejercer de forma directa.
Es decir, en un acto constitucional de rebeldía y bajo el amparo de la propia Constitución, el Parlamento (que fue declarado ilegítima e inconstitucionalmente en Desacato por el Poder Judicial), busca dar a la ciudadanía espacios de participación, así como la garantía de transparencia que no puede dar el Consejo Nacional Electoral, quien en menos de un mes organizó una logística para la Asamblea Nacional Constituyente, pero que no quiso hacerlo para el Referendo Revocatorio o las elecciones regionales que correspondían al año 2016.
La Constitucionalidad se ha roto, y la única forma de volver a ella es a través de la misma Constitución. Los juristas nacionales de renombre y de diversas tendencias recalcan a diario la necesidad de explicar la inconstitucionalidad de cada uno de los actuares del gobierno de Nicolás Maduro. Así, podemos recordar que el camino de la constitucionalidad no puede perderse y, en este caso, va más allá de valorar las preguntas del Plebiscito (que pudieron haber sido más claras), muy bien llamado Consulta Soberna (esa que Maduro no quiso hacer para su constituyente). Se trata de el medio legítimo más importante de desobediencia civil que tienen los venezolanos y las venezolanas para buscar la recuperación de la Constitucionalidad.
Leamos los artículos que sustentan el actuar apegado a la Carta Magna
Artículo 333. Esta Constitución no perderá su vigencia si dejare de observarse por acto de fuerza o porque fuere derogada por cualquier otro medio distinto al previsto en ella.
En tal eventualidad, todo ciudadano investido o ciudadana investida o no de autoridad, tendrá el deber de colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia.
Artículo 350. El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos.

La Constitución no pierde su vigencia cuando es derogada de facto. Esto ocurre como bien lo ha documentado José Vicente Haro en su blog Buscando el Norte, con 111 decisiones emitidas por el Tribunal Supremo de Justicia, por lo que el artículo 333 es perfectamente aplicable, en tanto la Consulta Popular permite que cada ciudadano, investido o no de autoridad, pueda colaborar en la restauración de la constitucionalidad. Es decir, es un deber ciudadano acudir a la Consulta Popular como único medio legítimo e institucional abierto, en razón del secuestro de los poderes públicos mediante la instauración de un gobierno militarista autocrático (léase, dictadura). Adicionalmente, el 350, el famoso artículo que positiviza la Desobediencia Civil, fundamenta toda acción en desconocimiento de un gobierno no democrático. 

¿Los efectos de la consulta? 
Una muestra de desobediencia civil fundamental porque de ella depende la República, su salvación o su muerte. ¿Suena dramático verdad?, pues se queda corta ante la posibilidad de instalación de la Asamblea Nacional Constituyente que propone Maduro. Quedarse en casa es abrir la puerta a la perpetuación del chavismo en el poder, como si 18 años no hubiesen sido suficientes.
El referendo consultivo no es más que eso, una consulta. Por supuesto que el oficialismo desconocerá sus resultados, como lo hacen con la Constitución y la Ley. Pero una muestra de poder a través del referendo consultivo popular es lo que el chavismo ha negado desde el 2016. Este referendo solo será útil si votamos todos, si la movilización es masiva.
Yo acudiré a votar a la Diputación de Guipúzcoa, en San Sebastián, España; con mi cédula y mis esperanzas puestas en el país. Aquí les dejo los enlaces con toda la información, las preguntas y los Puntos Soberanos. También les dejó más análisis sobre la Consulta Popular
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