miércoles, 6 de enero de 2010

SOBRE EL RACIONAMIENTO ENERGÉTICO VENEZOLANO

En este siglo XXI la conciencia ecológica ha generado numerosas corrientes filosóficas y científicas que tratan de crear en el hombre, apelando a su razón, conductas que eviten el uso abusivo de los recursos naturales, y así disminuir la emisión de gases contaminantes.
La generación de electricidad normalmente lleva consigo la emisión de gases contaminantes o el uso de recursos naturales (como el agua), que implica la necesidad de buscar fuentes alternativas de producción de energía eléctrica que no generen contaminación. Se ha hecho eco del uso de la energía eólica, pero a su vez se afirma sus efectos contaminantes por el sonido que emiten, de igual manera hay quienes buscan apelar a la energía nuclear, la cual si no es manejada correctamente puede provocar catástrofes indeseables. Es un debate mundial, todos los países desarrollados están a la búsqueda de fuentes alternas para generar electricidad, económicas y amigas de la naturaleza.
Ahora bien, ese no es el caso venezolano, ante la crisis grave por la escasez de energía eléctrica se ha propuesto el racionamiento, no consensuado, sino unilateral, afectando todo el aparato productivo de una nación, así como la proposición de CERO políticas que busquen la proliferación de ideas sobre fuentes alternas para la generación de electricidad. Durante doce años la inversión ha sido nula en esta materia, y simplemente se han generado situaciones autoritarias ante el manejo de la crisis que han, a su vez, generado reacciones por parte del aparato productivo nacional que se circunscriben a realizar actividades que ocasionan un daño ecológico que a la final es irreparable.
Los pequeños comercios y las grandes empresas han apelado al uso de plantas de generación de energía impulsadas por combustibles fósiles, desde las más pequeñas hasta las más grandes, que durante todo el día y noche emanan CO2 en cantidades industriales, lo cual busca contrarrestar las políticas unilaterales de racionamiento de la electricidad.
A su vez, en Venezuela las políticas ecológicas no hacen eco en la sociedad, ya que para lograr preservar el agua, líquido preciado de cuyos niveles depende la producción de electricidad, y prácticamente la permanencia de la vida en el planeta, es necesario la preservación de las cuencas hidrológicas, lo cual en este país parece inútil debido a la constante e indiscriminada tala de árboles y devastación de la flora local, por medio de actividades informales. De igual forma no existe en Venezuela un programa de reciclaje del agua, que ayude a contrarrestar los efectos de las aguas servidas que contaminan la mayoría de los ríos y quebradas que cruzan cualquier asentamiento poblacional. Por ahí se podría empezar, uso racional del agua y políticas para su efectiva preservación, así como darle eficacia a la Ley penal del ambiente, que existe, y poco a poco se convierte en letra muerta.
Ahora bien, pasando un poco del plano ecológico, al plano productivo, la primera medida a adoptar para no alterar el proceso productivo del que dependen muchos venezolanos para poder mantener su actividad comercial, pagar salarios y mantener los niveles de empleo estables, es el cambio del huso horario, que sufrió una alteración de treinta minutos que provoca que a las seis de la tarde ya haya oscurecido y por ende la necesidad de la luz eléctrica, cuando aún están en marcha procesos de la actividad productiva secundaria y terciaria, lo cual genera un aumento en la demanda de la misma.
Otra de las políticas públicas que podrían implementarse es el otorgamiento de incentivos, fiscales primordialmente, a aquellas empresas y/o establecimientos comerciales que logren reducir el consumo de energía eléctrica en cantidades considerables, mediante el uso racional de la misma, ya sea por la adquisición de bombillas ahorradoras de electricidad, o la sustitución de artefactos de vieja data que consumen energía en exceso por nuevos ahorradores de energía. Igualmente, es necesario que las autoridades municipales, estadales y nacionales, se reunan con las cámaras empresariales a manera de lograr acuerdos sobre horarios, necesidades y políticas de racionamiento, para que el país se vea beneficiado con las resultas de dichas mesas de trabajo.
Otro de los males que agravan la situación energética en Venezuela, es la cantidad de personas "colgadas" (uso ilegal mediante tomas clandestinas para la obtención de electricidad), que no están sujetas a control alguno y que por razones populistas (miedo a perder el voto de las personas que se ven beneficiadas de la toma ilegal), no son sujetas a la regularización en el consumo energético, y cuyo impacto es mucho mayor que el de cualquier gran empresa, ya que alimenta a poblaciones de bajos recursos que muchas veces ascienden a las miles o cientos de miles de personas.
Soluciones hay, pero todas necesitan del concurso del país, estamos claros en la gravedad de la situación, pero también tenemos conocimiento de que el problema no recae sólo en los consumidores, sino que hay una gran responsabilidad gubernamental por su falta de previsión frente a algo que es un servicio público fundamental, y del que depende la sociedad industrial y del conocimiento en este Siglo XXI. Hay que tomar conciencia, pero también hay que asumir responsabilidades, y entender que un país no se maneja desde una silla, sino desde mesas, auditorios, foros y cualquier otro espacio que genere DEMOCRACIA.

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