domingo, 21 de febrero de 2010

La Intolerancia necesaria

Muchas veces he escrito sobre intolerancia, lo nociva que puede resultar para la democracia, pero también he hecho énfasis en lo que puede ser una verdadera lucha frente a las acciones contrarias a la dignidad humana, siendo intolerantes.
La intolerancia puede ser una virtud, esencial para conseguir resultados favorables al ser humano, pues por medio del ejercicio de la misma es posible frenar actitudes vulneradoras de los derechos humanos, que día a día se presentan en nuestras sociedades.
En el caso venezolano, que me atañe porque lo vivo a diario, muchas voces de dirigentes de los llamados bloques opositores consideran que hace falta tolerancia, que la solcuión al problema del país está en escuchar todas las distintas voces que congrúen el el territorio. En cierto grado, tienen razón, el venezolano se ha ido convirtiendo en una persona poco apta para el debate político diario, y es algo que hay que mejorar, pero decir que lo único que falta en el país es tolerancia es, desde mi punto de vista, lo más errado de la política opositora, por cuanto, si bien la tolerancia debe plantearse desde ciudadanos iguales que conviven diariamente, la verdadera necesidad primaria es LA INTOLERANCIA DEL SISTEMA POLÍTICO QUE SE TRATA DE IMPONER y que abusa de la ignorancia de muchos venezolanos para sembrar sus semillas generadoras de odio, resentimiento y pobreza.
Creo que como seres humanos tenemos un derecho primordial, que es la posibilidad de vivir en una sociedad plural, en la que cada cual escoja su forma de vida, siempre teniendo como límite la vida del semejante, y la supuesta revolución bolivariana, día a día nos va demostrando que lo que menos necesita es una sociedad plural, simplemente requiere de un rebaño de borregos que acaten la voluntad unívoca del líder supremo.
Creo que el germen de la tolerancia excesiva se ha ido sembrando en el venezolano, a través del chantaje laboral e inclusive alimenticio, las necesidades de nuestros compatriotas han sido el terreno más fértil para la humillación diaria a que somos sometidos por el gobierno bolivariano.
Si quieres comer barato, haz cola en mercal; si quieres gasolina barata, haz cola en la estación de servicio; si necesitas dólares para viajar, ríndele pleitesía al régimen y aguanta meses por una autorización de CADIVI, por los dólares que ellos quieran darte y no por los que tú necesitas.
Todas estas son formas de control que cercenan libertades fundamentales, y someten al individuo a procesos interminables de humillación con base a su necesidad, porque si tienes hijos que alimentar y ganas el sueldo mínimo, lo que menos te puede importar es hacer una cola para adquirir alimentos medianamente económicos. Lo hemos tolerado todo, y lo hemos hecho todos.
Cero tolerancia con las actitudes que denigran la esencia humana, no podemos aceptar que nos nieguen nuestro más preciado bien, nuestro individualismo, nuestra dignidad, aquella que nos hace entender y ver en el otro a un semejante y no a un enemigo, dejemos de soportar todo lo que nos viene de arriba, porque el poder no es eterno, las ideas si lo son.
Debemos primero estar claros en lo que no debemos tolerar para así poder aprender a ser tolerantes, la tolerancia puede ser nociva, y en el caso venezolano se vislumbra su actividad negativa pues aludiendo a nuestro carácter democrático, hemos permitido que mancillen la democracia de manera nunca antes vista en la historia democrática de este gran país.
Venezuela, ¡despertad!

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