lunes, 24 de febrero de 2014

EL CERCO IDEOLÓGICO

Al conversar con unos oficialistas vía twitter logré inspirarme para escribir estas letras...
El contexto es la actuación exagerada de las Fuerzas Armadas Nacionales en la ciudad de San Cristóbal, Estado Táchira, Venezuela, dónde se presentan una gran cantidad de protestas, que ya no puedo llamar pacíficas, en virtud de la actuación del gobierno nacional sobre la ciudad, y parte del estado Táchira. Se ha generado una respuesta de resistencia civil que yo, por lo menos, no he visto en este país.

La pública y notoria actuación de la Guardia Nacional Bolivariana evidentemente atenta contra derechos humanos fundamentales, recordando que sólo el estado puede vulnerarlos. El periodismo ciudadano ha dejado evidencia clara y precisa de lo que ocurre con videos dentro del perímetro del Municipio San Cristóbal, y que ven el uso desmedido de la fuerza pública así como la provocación de parte de los organismos del estado. Quizá sea esta la insurrección civil con mayor documentación videográfica de los abusos del poder.

Un usuario de las redes sociales me expresó que los manifestantes eran "unos llorones y unos dramáticos" y comparó la situación con lo que ocurre a la hora de manifestaciones y su represión en otros países del mundo, obviamente países del primer mundo, no de China, ni Cuba y mucho menos Corea del Norte. Al final esto es lo que menos importa, pues una mente objetiva no puede nunca condonar la violencia del poder contra el ciudadano del país que sea. Yo, por citar un ejemplo, que ni siquiera estoy de acuerdo con la pena de muerte, menos aún puedo aceptar que un funcionario del estado apalee o golpee a un ser humano.

El objetivo de estos párrafos es ahondar sobre el cerco ideológico que acecha a gran parte de la población a la que se le ha inoculado (si, aquí si está bien usada esta palabra) un discurso constante y repetitivo sobre las causas y consecuencias del conflicto venezolano, llevándolo al campo de la lucha de clases, al conflicto entre derecha e izquierda o pobres y ricos, esa esteril discusión que aún hoy en el siglo XXI nos ocupa, cuando debería tratarse solamente de progreso y atraso, entendiendo este útimo como cualquier atentado contra la dignidad del ser humano.

 La verdad es que la degeneración de los espacios para el debate y el conocimiento en Venezuela han logrado que se venda una verdad de una sola arista, es decir, una línea infinita de mentiras que han convencido a quienes no poseen acceso a la otra cara de la moneda. Los han convencudo de que existe un complot digno de un programa de televisión sobre las tesis de la conspiración, y que ese complot busca quitarles algo tan intangible como la patria, aún cuando en la realidad material es "el poder" quien nos quita los bienes reales y que dignifican al hombre tales como la libertad de pensar y discernir, y de progresar.

¿Cómo discutes con quien está convencido de la mentira? ¿Cómo le haces ver a un radical que oponerse a uns sistema de gobierno no hace que seas apátrida o admirador del gobierno de EEUU? ¿Cómo le explicas tu al insolente que no puede decirle a quien sufre los embates de la represión del estado y ha visto fallecer sus seres queridos que "es un blandengue que no aguanta la represión y que la misma es peor en otro país"? Es difícil pero sobre ello es que se debe trabajar, pues este radical es quien representa la mayor peligrosidad para la paz. Igual puedo señalar esta interrogante ¿cómo convences a alguien que no todos los pobres son delincuentes? ¿Qué le dices al que cree que hay que desaparecer de un plumazo a todo el que se ha vestido de rojo hasta el momento?

Hanna Arendt escribió sobre la banalidad del mal, y ese parece ser el norte venezolano actual, puesto que el cerco ideologico hizo creer a una porción de la población de la existencia de ciudadanos que están ideologicamente fichados como sus enemigos y sobre los cuales la impiedad es la norma, y cuyas dolencias y carencias no valen ni deben ser consideradas. El cerco ideológico te hace creer que sus protestas siempre serán una conspiración contra el pueblo, cuando la realidad es que esa barrera lo que busca es el mantenimiento del status quo de aquellos a los que sólo les interesa atornillarse eternamente en el poder... si es que 15 años no son ya toda una eternidad.
 

Al cercar una mente a través de una ideología y convertirla en una masa sin capacidad de crítica, y por sobre todas las cosas, incapaz de sentir dolor por el prójimo o por el desconocido pues es un enemigo, se genera esa banalidad del mal que lo hace aún más cruel y peligroso, puesto que siempre se hallará una justificación para la descalificación y sobretodo, para generar dolor y miseria. Lo peor de todo es que esta actitud impía siempre generará una reacción del despreciado aún peor.

No puedo hablar en este momento del futuro de Venezuela, puesto que aparece nublado para mi hoy. Pido a mis coterráneos gochos no caer en el campo del odio, porque nos llevará cual Revolución francesa a pasarnos a nosotros mismos por la guillotina.

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