martes, 22 de junio de 2010

SOBRE LOS CLIENTES

Luis Muñoz, en su tratado sobre derecho romano, establece muy claramente que los clientes son personas vinculadas a la familia patricia romana de las que obtienen trabajo y protección (López, 2007), siempre con la obligación recíproca del debido respeto a ese patricio al cual se encuentran debidos. La clientela implica una división primigenia de clases en esta Roma primitiva, pero que a su vez conlleva la existencia de la fides, la fidelidad que debe el cliente al patrón y viceversa, es decir, la realidad de la relación es la dependencia económica, no nace como una relación jurídica, simplemente obedece a una razón natural de asociación económica en búsqueda de protección a cambio de determinados servicios a prestar, que ya luego será regulada jurídicamente.

El patrón proporciona tierras al cliente para que éste las trabaje, y pueda vivir en ellas, ya que la situación del cliente es ajena a la ciudadanía romana, el mismo no posee derechos inherentes a la condición de ciudadano, y es por ello que la relación con su patrono es esencial, ya que suelen ser extranjeros que han llegado a Roma, y sin ciudadanía su supervivencia se ve colgando de un hilo.

El cliente está sometido a la voluntad del patrono, éste tiene la posibilidad de reducirlo a la esclavitud e inclusive decidir sobre su vida o su muerte; el cliente le debe sumisión, respeto, e inclusive existen ciertas obligaciones patrimoniales para con él, como es el caso de pagar rescates para liberación de su patrono.

Existen obligaciones recíprocas, no es sólo el cliente el que debe respeto al patrono, se considera que el convenio que genera la clientela es sagrado, e inclusive exigible judicialmente, el patrón que no brinde protección al cliente puede ser declarado sacer, que no es más que la consagración de su cabeza a los dioses, de manera tal que cualquiera pueda darle muerte impunemente, igualmente, se estima que la misma disposición era aplicada al cliente ingrato para con su patrón.

Es decir, el origen de la clientela como tal, la podemos encontrar en la primitiva Roma, ya luego los clientes formarían una nueva clase social, que serán los plebeyos que lucharan por sus reivindicaciones sociales, hasta obtener instancias de poder. Es falso el origen capitalista del término, empezando porque el capitalismo está siendo enfocado como una tendencia ideológica, cuando históricamente se ha demostrado que se trata de un intercambio humano natural, y ejemplo de ellos es la agrupación social que genera la clientela.

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