domingo, 17 de noviembre de 2013

LOS COMICIOS POR TRIBUS (Comitia Tributa)

Las asambleas populares o Comicios, integraron de manera esencial la estructura política romana durante la Monarquía y la República, en el sentido que implicaban lo involucrado que estaba el ciudadano con los destinos políticos de la nación o patria romana. El ciudadano romano podía hacerse oir en las Asambleas Populares, fuese en los comicios religiosos (calata), o el primigenio comicio civil  en el que las curias que conformaban las tribus tomaban decisiones relevantes (curiata), o en ese comicio máximo (centuriata) que suplantó las funciones del comicio por curias y que permitió una primera aproximación para la plebe a lo que sería el poder político.
Conforme lo dispone Rafael Bernad Mainar, posterior a la aparición de la Ley Hortensia, se generó la necesidad de fusionar al pueblo y a la plebe, y esto es lo que pareció ocurrir con los Comitia Tributa que convivieron con los comicios centuriados; es decir, los orígenes de estas asambleas tienen directa vinculación con las Asambleas Plebeyas que fueron instauradas en virtud de aquella rebelión plebeya que los volcó al Aventino en exigencia de derechos. 
Al final de la república parecen ser lo mismo, y en estos comicios la unidad ya no sería la curia, ni la centuria, sino la Tribu, en virtud de la nueva organización territorial romana y el crecimiento exponencial de las tierras públicas, en virtud de la ávida y rápida conquista. Al final de la República es el comicio por tribus el que tiene ese marcado carácter civil que atendía al antiguo comitius maximus creado por Servio Tulio.
En esta Asamblea las decisiones implican votar positiva o negativamente las proposiciones del Magistrado facultado por la ley para convocarlos.

Los Comicios por Tribus escogían los magistrados menores (Ediles Curules y Cuestores) y también tenían dentro de su competencia la imposición de sanciones a aquellos que incumpliesen las leyes, sanciones de índole monetarias.

Estaban conformados por 35 tribus: 4 tribus de la ciudad romana como tal, 16 de las vecindades y 15 tribus de las áreas circundantes a Roma. Cada una de ellas tenía un solo voto. Algunos historiadores como Frank Burr Marsh, explica que los comicios por tribus ayudaron a que las tribus urbanas que habitaban la densa Roma, tomasen decisiones que afectasen a los habitantes de los suburbios.

"En los comicios por tribus, los miembros de cada una de ellas constituian una unidad de sufragio que tenía una función parecida a la centuria en los comicios centuriados: decidía la mayoría de las tribus y no la mayoría de los ciudadanos con sufragio,..." (Kunkel, 1966, p. 20); es decir, no importaba la cantidad de personas que perteneciesen a una tribu, el voto seguía siendo con base a la unidad de voto, y acá, igual que antes, la mayoría de las tribus estaba conformado por los que poseían la preponderancia económica en virtud de la posesión de tierras.

sábado, 6 de julio de 2013

Lo importante del lenguaje y los conceptos abstractos

En filosofía se hace siempre un estudio profundo del lenguaje y la estética, además de la importancia en cuanto a la consecución de la verdad que nunca es absoluta sino relativa.

En Venezuela tiene extrema relevancia la conexión sentimental con los objetos y los sujetos, de tal manera que la preeminencia del presidencialismo y el caudillismo, así como la estrecha vinculación con las misses y otras figuras de la farándula marcan la relación del venezolano con su nacionalismo, que nunca ha sido una demostración de patriotismo en cuanto a conocer los símbolos y la historia patria.

He ahí la razón del éxito del chavismo, la conexión con las misticidad del venezolano. Ahora bien, el éxito mentado tiene como causa directa el asombroso gasto en el lenguaje a través de publicidad y el movimiento cultural. De tal manera que el gobierno venezolano es el mayor productor de libros y quien monopoliza los libros de texto que se reparten en escuelas, asimismo es quien más gasta en publicidad y propaganda y eso es lógico en cuanto la inversión en televisión y radio es impresionante.

¿A que viene todo esto?, el uso del lenguaje es preeminente en la revolución, sobretodo con el uso de elementos tan abstractos como PATRIA y PUEBLO, dos conceptos sin entidad objetiva alguna pero con un reflejo emocional en quien busca esperanza que no tiene parangón en la historia, siendo entonces alimento espiritual más que material, y logrando con esa mixtura de lenguaje y propaganda un arraigo en quien no ha cultivado el intelecto y vive de la esperanza.

Se trata de argumentos similares a los que usó la iglesia en el momento de su auge en la Edad Media. La fe, como concepto abstracto se circunscribe al uso de la palabra patria, o mejor aún, la palabra "PUEBLO", que identifica al desprotegido y al marginado con "algo". Que te llamen pueblo significa una identificación con tus necesidades, pero nadie te ha dicho que el pueblo no existe, sino que existen ciudadanos que padecen y que son quienes deben tratar de reivindicar un concepto como el de ciudadanía que es lo que ha generado el desarrollo de los países que hoy consideramos primermundistas, y no se trata de los Estados Unidos (para evitar acusaciones antiimperiales) sino las sociedades europeas que han entendido la mayor importancia de la labor ciudadana  en la construcción de una sociedad consciente de si misma y del entorno, tratando de dejar de lado ese antropocentrismo que nos está acabando como especie.

Basta de patria, basta de pueblo, convirtámonos en ciudadanos del planeta.

lunes, 15 de abril de 2013

EL FRAUDE CONTINUADO y la legitimidad.

El fraude, la violencia y la ilegítimidad van de la mano. Hay mil formas de defraudar, así como cientos de versiones de violencia, la ilegitimidad a su vez pasa por el reconocimiento de la ciudadanía.
El 14 de abril se libró una batalla desigual y las sombras aparecen para opacar la voluntad popular. 

El llamado a auditoría es para desvincular el proceso del fraude, pues es la única forma de saber la verdad. Un proceso electoral plagado de coacción y de violencia, no puede generar la legitimidad de un gobernante que irrespetó la constitución y la ley en sus días de campaña. Pero esto no es todo, una vez más debo decir que una democracia no se construye con base a elecciones, sino a un cúmulo integrado de factores, de los cuales en Venezuela sólo se tiene el factor electorero (no podemos hablar de electoral).

La victoria genera muchísimas dudas en el cincuenta por ciento (50%) de la población que, a pesar de la desconfianza generalizada en el poder electoral, salió a ejercer su derecho por considerar que la violencia no es el arma indicada y que sólo el voto masivo puede cambiar el desastre social, económico  político que tenemos. 

En especial, gritamos con ahínco, la necesidad de reconocimiento como ciudadanía, que el poder político central entienda que no puede imponer un régimen de gobierno de manera unilateral con base a la regla de mayoría simple, en especial, cuando esa mayoría viene influenciada por un fraude continuado que deslegitima el proceso electoral.

Los medios públicos (hoy por hoy mayoritarios) nunca se refirieron al candidato opositor como tal, sino al candidato de la derecha y candidato antichavista, el CNE, cayó cómplice de esta irregularidad. El CNE calló sobre el abuso de los fondos públicos y el chantaje al trabajador público, así como el excesivo ventajismo del candidato de la patria (mote que tampoco fue sancionado por el CNE). El poder electoral no se pronunció sobre denuncia alguna intentada por la MUD, pues somos inexistentes al partido de gobierno, somos apátridas, somos golpistas y contrarrevolucionarios, nunca venezolanos.

Con la excusa de tener el mejor sistema electoral del mundo se permite la intimidación a través del proceso automatizado, que no genera confianza en el 50% de la población.
El fraude electoral no es sólo un hecho aislado el día de la elección, el fraude es continuado y premeditado, se traduce en la caricaturesca institucionalidad que posee el país.

 Sólo estamos pidiendo que se audite el 100% de los votos, que se desentrañe la verdad electoral, que el CNE demuestre que es confiable. Con la promesa cierta de si es este el resultado, si la victoria oficialista es mínima, por lo menos tengamos la certeza de poder dormir sin la duda.

Otro asunto pendiente, para cerrar este foro de protesta y crítica, es el discurso del presunto presidente electo de la república, minutos justificando su pequeña victoria con sabor a derrota, con base a la culpa de otros, y no sólo eso, en ningún momento del discurso (que oí completo), se reconoce la existencia de un país dividido en dos, de un país que busca reconocimiento, pues durante 14  años se le ha tratado como minoría, como si eso diese derecho a aplastarlo. La mitad del país no quiere el camino escogido por el gobienro central, la mitad del país quiere que se le oiga y se le incluya, y que se deje de lado esa obsesión ideológica por un proyecto que cada día nos divide más.

Basta de pretender que una elección da el derecho de aplastar el contrario, queremos que si somos oposición, se nos deje opinar sobre el futuro del país y se deje de minimizar nuestra existencia con epítetos denigrantes. No  somos escuálidos ni majunches, somos la mitad del país, y no queremos una posición unilateral, queremos respeto e inclusión en el proceso de gobierno de un país en crisis, en el que perdemos todos, menos ellos, la cúpula enriquecida del gobierno.

domingo, 17 de marzo de 2013

HUMANITAS

La condición humana es el aspecto más importante y menos conocido por nosotros. Hemos antropomorfizado nuestro entorno y aún así, nunca hemos alcanzado la posibilidad de conocernos
La única verdad que podemos decir que conocemos de nuestra especie es su inagotable ambición y la necesidad de estar en el centro del debate y, en especial, la voracidad por la riqueza, como sea que esta se encuentre representada, pues somos la única especie que conoce del poder y la única que lo busca.

Día a día abogamos por un mundo más humano, pero desconocemos el concepto de humanidad.
Vivimos bajo el engaño de la bondad, y omitimos que tal como una vez lo planteó Hobbes, el hombre es un lobo para el hombre. Sin importar cuantas virtudes (denominadas así por nosotros) podamos tener, cada individuo de la especie humana tiene más lados oscuros que claridad en su pensamiento. Siempre hay algo que nos mueve, individual y colectivamente, el propio interés, y aun así esperamos que la deidad nos ilumine de bondad, sabiduría y sobretodo eternidad.

Nuestra humanidad no es más que un voraz monstruo forjado desde la antigüedad misma que olvidó que el logos era para descubrirnos a nosotros mismos y no para apoderarnos del todo. La humanidad y su bondad es un aspecto individual dentro de cada individuo, y que como forma colectiva de proceder no se manifiesta a gran escala. Somos una especie que ha permitido el naufragio de su propia existencia y cuyo principal valor, a título universal, es la riqueza, siempre amparada en determinada fe que no deja de excusar sus errores a la voluntad de la deidad a la que se profese culto.

Somos humanos a diario, cuando rezamos, cuando pensamos, cuando matamos o cuando nos quedamos impacibles ante las múltiples manifestaciones de violencia que marcan nuestra existencia diaria. Y aún así, somos incapaces de reconocer nuestra naturaleza nociva, y nuestro desprendimiento del logos con base una actitud de opresión que se muestra desde el momento en que nacemos, e inclusive desde la propia concepción.

Esa chispa que para los estóicos fue dada por Zeus a todos nosotros ha generado un incendio voraz, que cada día carcome los cimientos de una civilización que tiene un solo dios, la fortuna. Y mientras vivamos de la ambición, ocasionaremos dolor no sólo al entorno, sino a nuestros congéneres, seguiremos oprimiendo por placer y no por necesidad, y seguiremos olvidando que el monopolio de la razón fue dado para que pensásemos, no para que ganásemos.
 

lunes, 28 de enero de 2013

Desde fuera.

Una semana de lectura de la civilización antigua, combinada por una constante observación de lo que ocurre en mi país, me ha incitado a escribir estas líneas que, una vez más, no espero que sean leídas por muchos, pero que comportan parte del desahogo ante la frustración ocasionada por el evidente deterioro institucional y moral que vive Venezuela. Desde inicios de año he visto como lo jurídico ha dado paso a la preeminencia de lo político, no que no sucediera, pero tan sencillo como que las últimas muestras de barbarie jurídica han opacado lo sucedido anteriormente.
Se han conculcado principios fundamentales contenidos en la novísima Carta Magna como la legalidad y el derecho a la información. Se han creado situaciones de facto como si fuesen jurídicas, pero sobretodo, el blanqueo informativo y el uso del lenguaje para soslayar y ocultar la realidad parecen ser el día a día de la sociedad venezolana, quien parece sumida en un letargo generalizado ocasionado por la necesidad de callar o vivir un escenario peor.
Parece que la realidad se ha transformado en una película de ciencia ficción en la que los peores instintos humanos toman primacía frente a la idea de rectitud y bondad que debería privar en la nación. La ciudadanía es una condición rebajada al simple acto del sufragio y son pocos los hechos que la hacen prevalecer frente la mentira y la adulación. No hay uso de la crítica y hay una carencia de ideología que puedan sostenerse ante la barbarie que nos acecha a todos como conciudadanos de un país que minuto a minuto pierde su soberanía bajo la excusa de la propia soberanía.
La incertidumbre reina en la cotidianeidad bajo la mirada cómplice de la comunidad internacional, que una vez más muestra su incapacidad para opinar libremente ante el chantaje de los intereses económicos, y que es cobarde al ni siquiera manifestar la mínima duda sobre lo que ocurre en el país.
Un país en el que las masacres son "eventos confusos y desafortunados", en el que existe un gobierno sin cabeza soslayando los mínimos legales requeridos claramente por la figura decorativa de la constitución, dónde los eventos cotidianos no encuentran responsables directos en los que legalmente son competentes frente a las situaciones desafortunadas, y que se esconden siempre bajo la denuncia de planes desestabilizadores ante quien no ejecuta una mínima política efectiva para solventar las necesidades básicas de una población acostumbrada a las carencias en medio de una jerarquía de prioridades que te lleva a pensar si lo que se vive en Venezuela es real o simplemente se trata de una pesadilla de la que algún día despertaremos.
Insisto, como siempre lo he hecho, que sólo la luz del conocimiento puede hacer que una nación cambie, que sólo el ejercicio de ciudadanía y gobierno responsable puede separarnos de una crisis eterna, pues así como la vida humana parece valer nada frente a los grandes intereses de los grupos políticos, la sociedad se degenera a un ritmo imparable, y de nada vale la protesta o la opinión, pues la sordera colectiva se agudiza, y la vista se hace gorda ante la constante injusticia y la represión intelectual cuando no física del ser.

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