lunes, 15 de abril de 2013

EL FRAUDE CONTINUADO y la legitimidad.

El fraude, la violencia y la ilegítimidad van de la mano. Hay mil formas de defraudar, así como cientos de versiones de violencia, la ilegitimidad a su vez pasa por el reconocimiento de la ciudadanía.
El 14 de abril se libró una batalla desigual y las sombras aparecen para opacar la voluntad popular. 

El llamado a auditoría es para desvincular el proceso del fraude, pues es la única forma de saber la verdad. Un proceso electoral plagado de coacción y de violencia, no puede generar la legitimidad de un gobernante que irrespetó la constitución y la ley en sus días de campaña. Pero esto no es todo, una vez más debo decir que una democracia no se construye con base a elecciones, sino a un cúmulo integrado de factores, de los cuales en Venezuela sólo se tiene el factor electorero (no podemos hablar de electoral).

La victoria genera muchísimas dudas en el cincuenta por ciento (50%) de la población que, a pesar de la desconfianza generalizada en el poder electoral, salió a ejercer su derecho por considerar que la violencia no es el arma indicada y que sólo el voto masivo puede cambiar el desastre social, económico  político que tenemos. 

En especial, gritamos con ahínco, la necesidad de reconocimiento como ciudadanía, que el poder político central entienda que no puede imponer un régimen de gobierno de manera unilateral con base a la regla de mayoría simple, en especial, cuando esa mayoría viene influenciada por un fraude continuado que deslegitima el proceso electoral.

Los medios públicos (hoy por hoy mayoritarios) nunca se refirieron al candidato opositor como tal, sino al candidato de la derecha y candidato antichavista, el CNE, cayó cómplice de esta irregularidad. El CNE calló sobre el abuso de los fondos públicos y el chantaje al trabajador público, así como el excesivo ventajismo del candidato de la patria (mote que tampoco fue sancionado por el CNE). El poder electoral no se pronunció sobre denuncia alguna intentada por la MUD, pues somos inexistentes al partido de gobierno, somos apátridas, somos golpistas y contrarrevolucionarios, nunca venezolanos.

Con la excusa de tener el mejor sistema electoral del mundo se permite la intimidación a través del proceso automatizado, que no genera confianza en el 50% de la población.
El fraude electoral no es sólo un hecho aislado el día de la elección, el fraude es continuado y premeditado, se traduce en la caricaturesca institucionalidad que posee el país.

 Sólo estamos pidiendo que se audite el 100% de los votos, que se desentrañe la verdad electoral, que el CNE demuestre que es confiable. Con la promesa cierta de si es este el resultado, si la victoria oficialista es mínima, por lo menos tengamos la certeza de poder dormir sin la duda.

Otro asunto pendiente, para cerrar este foro de protesta y crítica, es el discurso del presunto presidente electo de la república, minutos justificando su pequeña victoria con sabor a derrota, con base a la culpa de otros, y no sólo eso, en ningún momento del discurso (que oí completo), se reconoce la existencia de un país dividido en dos, de un país que busca reconocimiento, pues durante 14  años se le ha tratado como minoría, como si eso diese derecho a aplastarlo. La mitad del país no quiere el camino escogido por el gobienro central, la mitad del país quiere que se le oiga y se le incluya, y que se deje de lado esa obsesión ideológica por un proyecto que cada día nos divide más.

Basta de pretender que una elección da el derecho de aplastar el contrario, queremos que si somos oposición, se nos deje opinar sobre el futuro del país y se deje de minimizar nuestra existencia con epítetos denigrantes. No  somos escuálidos ni majunches, somos la mitad del país, y no queremos una posición unilateral, queremos respeto e inclusión en el proceso de gobierno de un país en crisis, en el que perdemos todos, menos ellos, la cúpula enriquecida del gobierno.

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