miércoles, 5 de marzo de 2014

SOBRE LIBERTAD DE EXPRESIÓN

Este pequeño espacio lo dedico a la base chavista, aquella que genuinamente sintió los efectos de la legitimación de la pobreza y los programas directos que buscaron hacer menos dura su situación, y que por primera vez en muchos años sintieron que habían sido tomados en cuenta. No pretendo, bajo ninguna circunstancia, entrar en la validez del argumento anterior, o sobre si es un hecho cierto o un yerro de la historia. El hecho objetivo es claro y contundente, la base chavista existe porque hubo alguien que supo que debía mostrar que no eran una masa invisible de la Venezuela proyectada por los gobiernos anteriores, y para entender eso hay que haber estudiado mucho la historia real de Venezuela.

El asunto que atañe es la libertad de expresión, como derecho humano fundamental, que por definición debe ser garantizado por el estado, y sobre la base del cual, junto con el aspecto de las muchas elecciones organizadas en el país, se dice que en Venezuela hay una plena democracia y que hablar de dictadura es totalmente absurdo.Sin pretender teorizar sobre los derechos humanos, si quiero dejar claro algo, porque es un error constante: "Sólo los estados pueden violar los derechos humanos pues son quienes detentan las herramientas que pueden hacer efectivas las garantías que contemplan las normas fundamentales nacionales e internacionales para defenderlos."

Siempre me dicen los chavistas que yo me quejo de inexistencia de libertad de expresión y aún así digo lo que me da la gana. Si, lo hago. Creo que a veces me excedo de hablador, a veces no mido el foro, y siempre siento la necesidad de decir lo que pienso. Si la libertad de expresión se tratase de ese único argumento, yo pudiese decir que si, en Venezuela existe total y absoluta libertad de expresión, pero no lo afirmo. Siempre repito la premisa de que la libertad de expresión no implica expresarse sobre lo que sea, o decir lo que sea, pues eso es solo habladera de paja. A pesar que lo hago, lo hago por ser reaccionario y tener una dificultad personal increíble de desarrollar cualquier tipo de sumisión a cualquier tipo de poder, y por ello he procurado no tener que depender en absoluto de quien pueda condicionar mi forma de pensar, que dista totalmente de la política partidista, militarista, oficialista, de la derecha y de la izquierda. He tratado de construir mi propio pensar siendo independiente, moviéndome dentro del mundo jurídico que tiene 50 años pudriéndose en sus propios cimientos, y aún así siento miedo al decir y escribir lo que quiero, e inclusive he dejado de lado mis ganas de marchar o protestar públicamente por miedo directo a que el conflicto político radical que vive la nación termine agrediendo la única vida que tengo, y de la cual no habrá organismo alguno que se haga responsable.

A veces siento que debe haber mesura por no herir susceptibilidades de familiares,  y ya he sido insultado por ellos. Y esa mesura es un tipo de autocensura, no es prudencia, puesto que no se fundamenta en que considere que exista alguna razón para considerar que pueda estar yo equivocado en temas como el de la criminalidad o la represión, sino que lo hago para evitar una confrontación de ideas que sólo terminará en ofensas.

¿Por qué siento miedo de mis decires? Por una sencilla razón: No estoy exento de algún día tener la necesidad de vivir del gobierno y necesitar alguna ayuda del mismo puesto que hay miles de cosas que no dependen de mi y quizá algún día me vea en eso, aún cuando haga todo lo posible por evitarlo. Temo el día que eso suceda y sea discriminado políticamente, como me sucedió cuando acudí a buscar trabajo y obtuve negativas por haber figurado en la lista Tascón. 
Asimismo, puedo ser objeto de un ataque violento de esa minoría radical que opera bajo una impunidad total, que no hace falta ser opositor para asumir, en Venezuela estamos claro que los criminales no pagan y solo van a un centro de reclusión a especializarse en el mal. Esa violencia es diaria, es pública y es notoria.

La realidad es que sopeso el miedo con el riesgo a quedarme callado y ser cómplice y como mis compromisos son exclusivamente conmigo, insisto a pesar que nadie me oiga, en decir lo que pienso y plasmarlo. Siento que si caigo en el terreno de la autocensura pierdo parte de mi libertad de conciencia, del libre albedrío y de esa dignidad que me hace humano. Primero humano que nacional de algún sitio, y espero que pueda permanecer así. Y es que, amigo chavista, hay que decir lo que uno piensa, y si un sistema de gobierno pretende hacerte decir algo que no quieres a cambio de tus derechos, esa dignidad humana es la que debe hacerte ver que quizá hoy sólo sea una consigna pero luego el miedo te invadirá y no habrá dignidad que valga, serás solo parte de la propaganda oficial y, por sobre todas las cosas, un cómplice del cómo a tus congéneres se les limita el pensar y decir lo que sinceramente piensas. Es como cuando los católicos obligaban a los protestantes a decir que estaban arrepentidos para salvarse de la hoguera. Estos lo decían, pero no lo sentían, no había honestidad o sinceridad en sus decires, por miedo a la muerte.


La amenaza a libertad de expresión no es algo exclusivo del opositor, nos afecta a todos, en mayor o menor medida, y cada día más nos silencia. Cuando un amigo que labora en un banco público te pide que hables por él o cuándo ves las caras de miedo en los trabajadores de los tribunales, quienes no son capaces de alzar la voz por lo que creen, yo veo enaltecida mi voluntad de seguir hablando al pequeño foro que a veces me honra con leer mis opiniones, así sea una o dos personas. Si esas palabras ayudan a que alguien más deje el miedo de lado, y hable, entonces estaré satisfecho. 

Yo tengo miedo a que un futuro me haga víctima por mi decires de hoy, pero creo que tengo más miedo a callar, la autocensura lleva a la censura total, y sin librepensar no somos seres humanos, pues perdemos lo que nos hace serlo, la dignidad. Si no soy yo el que alce la voz para que otros vean que no es asunto de decir, sino en ser honesto con lo que dices, y nadie más lo hace, quizá luego ya no tengamos nada que decir.


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